Nembrot, de José María Pérez Álvarez «Chesi»

No hace mucho, en Orense, un funcionario de Hacienda acostumbrado a las declaraciones y los patrimonios, amparado por la clandestinidad que concede el uso de la lengua castellana a los escritores que viven en Galicia, escribió Nembrot, una de las mejores  novelas españolas de los últimos años… Por pudor, ya que estaba presente el autor, me quedé corto, cosa que rectifico hoy:

Es una novela “deslumbrante”. Lo era en su versión corta del 2002; lo sigue siendo y mejorada, en esta versión del 2016 con  200 páginas y 15 capítulos más que la versión anterior. Quizás no debiera llamarse Nembrot o sólo Nembrot ya que siendo la misma novela es otra novela aunque el añadido, en el subtítulo, “Máscaras y transgresiones” avise al lector antiguo que está delante de una obra que, como los personajes que se mueven por sus páginas, es la misma siendo otra.

 

Hay algunos clubs de lectura en Ourense, casi todos de novela. No deja de ser sorprendente que hayan elegido para sus reuniones textos de mucha menor valía, y eso sí, mejor promocionados, pero ya se sabe que aunque lo local, como escribía Miguel Torga, es lo universal sin paredes, parece que por aquí ese dictum no se tiene en cuenta.

No leo muchas novelas pero hasta cierta edad, las leí casi todas. Ahora leo las del Chesi y las que me recomienda Chesi. Las demás con alguna excepción, las ojeo y con eso basta. No llego a la altura de Oscar Wilde, que cuando le reprochaban que criticase muchas novelas sin apenas leerlas, dijo aquello de : ¿Acaso para conocer la calidad de un vino es preciso beber el barril entero?…

Las dos últimas novelas ojeadas-leídas sin que mediara la recomendación de Chesi, no estaban mal. Había un argumento, unos personajes, un desarrollo de la trama y así…. Sus autores son novelistas famosos con tiradas generosas y no  eran malas novelas , pero no había en ellas ningún personaje inolvidable,  ninguna frase memorable,  no quedaba nada de ellas una vez leídas.

 

No es el caso de Nembrot. Hay por supuesto, unos personajes existencialmente complejos y una trama no menos compleja, pero en cada página, y no exagero, hay al menos una frase memorable que pronuncia alguno de los personajes o escribe el narrador omnisciente, por eso Goytisolo habla en el prólogo del lenguaje “rico y a menudo espléndido” y  de los varios registros de esta novela.   Los que lean, como yo, con un lápiz en la mano, no serán avaros con el admirativo ejercicio del subrayado. Apenas quedará alguna página virgen.

Las novelas de Chesi tratan con humor tragedias cotidianas y vidas existencialmente miserables a las que el humor redime y las hace heroicas. Hay un ir y venir entre humor y tragedia, ironía y sordidez. A veces no sabe uno si compadecerse y condolerse con los avatares de los personajes o reírse de ellos. Si tuviese hoy que escribir un artículo sobre la hipocondría reproduciría en su integridad el capítulo de Nembrot. Creo que curaría a algún hipocondríaco.

El humor y la ironía, se sabe, son formas estoicas de acercarse a ciertos asuntos de la vida para evitar el sentimentalismo, la cursilería o el postureo tan bien-intencionado como inútil.

La novela, decía Kundera, trata de aquellas cosas que solo la novela puede iluminar. Puede saberse mucho de estrategia militar, de las causas de las guerras, pero solo Tolstoi cuenta como era ser soldado en la batalla de Borodino y por mucha sabiduría sociológica  o psicológica que tengamos solo Kafka fue capaz de contar lo que es ser tratado como un insecto, ser una víctima de los laberintos de la justicia o juguete de una maquinaria impersonal de la que nunca conocemos a los responsables. Por cierto: algún día hablaremos del papel de las cucarachas en las novelas de Chesi.

En Nembrot hay mucha literatura plegada y no solo literatura. Horacio y Ofeliña, vienen supongo de Hamlet pero no son hametlianos; el capítulo Un hombre que se parecía a Horacio, es un guiño a una novela de título casi idéntico de Cunqueiro que además será personaje central de la última parte; El Uno, Pedro Oliver, que jugaba en su cuarto de la pensión con figuras de plastilina que representaban a los otros protagonistas, es una evocación del Maese Pedro al que Alonso Quijano destroza sus títeres, en la segunda parte del Quijote;  poetas irlandeses suicidas, Borges.

Juan Goytisolo
Juan Goytisolo

Goytisolo habla en el prólogo de dos personajes iniciales. Creo que son tres: Horacio Oureiro, Bralt y Uno, Pedro Oliver. Los tres son “identidades en pena” o “existencias en pena” buscando, como las ánimas en pena que antaño procesionaban por las corredoiras de Galicia, algún buenaventurado que los ayude a conseguir su identidad definitiva de difunto completo que les permitiea seguir viaje.

En la primera frase de la primera página aparece ya invocada la “crisis de identidad” que sufre Oureiro en el autobús que lo lleva desde Vigo a la Pensión Pleamar de Cangas. Del chófer del autobús se dice, en la misma página,  que había pasado dos tercios de su vida preguntándose ¿Quién soy yo? y el protagonista, Horacio Oureiro, también en la primer página,  canturrea en ese mismo autobús el,  “que importa saber quien soy, ni de donde vengo, ni a  donde voy”, canción popular, creo que de Alberto Cortéz, para finalizar su canturreo diciendo en voz alta”- mentiría si dijese que me llamo Horacio Oureiro. Oureiro, se sabrá más adelante, vive bajo las preguntas sin respuestas, ¿Qué hago aquí? ¿Qué haces aquí?,(pag 436) que se hace a si mismo y que le hacen los demás. Oureiro  no está seguro de  su nombre y apellidos tampoco de sus órganos , es hipocondríaco, ni de su orientación sexual, no sabe o no se atrevió a saber, si es homosexual.

Bralt, que plagia y roba vidas, le da una respuesta, parcial, pero respuesta. Sin consistencia interna, Oureiro se enfrenta a la vida con un repertorio de respuestas – prótesis  que le proporcionan los boleros y los tangos….(pag 75).

A Bralt lo constituyen el plagio y los pseudónimos. Roba vidas, poemas, novelas. Firma con un pseudónimo las novelas que otro escribe (El Uno). No sabe quien es. Duda hasta de su género. Fue heterosexual hasta que ya en los 40 después de la muerte de su mujer, siente la atracción de los cuerpos masculinos. Seducirá a hombres y mujeres con una maestría de la que Oureiro aprenderá poco: (pag 32).

Horacio Oureiro es un heterónimo de Bralt porque es Bralt quien “altera sus hábitos como un cataclismo” e inventa al nuevo Oureiro que abandona los boleros bajo el magisterio de Bralt y los substituye por Mozart, Armstrong, Brassens, Charly Parker, Mahler o  Carmina Burana aunque sea una heteronimia fallida pues no acepta la nueva propuesta de género, eres homosexual, que Bralt, con alusiones  literarias indirectas, dejándole textos apropiados abiertos por esas páginas de seducción o citando la amistad Rimbaud-Verlaine le propone desde su pudorosa vejez que teme  afrontar el ridículo de una propuesta franca que tal vez, piensa, que su cuerpo envejecido no pueda afrontar.

Pedro Oliver, el Uno, que agoniza entre mierda en la pensión Pleamar y es el verdadero autor de esas novelas de Bralt publicadas con el pseudónimo de Xavier Uribe, es el anonimato.

Tres personajes de existencias en pena: heterónimo, pseudónimo y anónimo.

Al final, después de las muertes de Uno (Uribe) y Bralt (Uribe) (o fallecimientos, que según Chesi hay una gran diferencia entre una palabra y otra) Oureiro deja la pensión. Sube al autobús y dice: Mentiría si dijera que me llamo Horacio Oureiro.

No mentiría si dijera que esta es una novela deslumbrante.

Jose María Pérez Álvarez "Chesi"
Jose María Pérez Álvarez «Chesi»

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