ELOGIO DEL IMBÉCIL: EL IMPARABLE ASCENSO DE LA ESTUPIDEZ
Comentario al libro Elogio del Imbécil de Pino Aprile
ELOGIO DEL IMBÉCIL
El Imparable ascenso de la estupidez
Pino Aprile
Ediciones Temas de Hoy. 2002
"Esta obra surgió entre una distendida y amigable conversación entre el autor y el Premio Nobel Konrad Lorenz, y responde a esa pregunta que todos -avispados periodistas y genios indiscutibles; altos ejecutivos y míseros curritos- nos hemos hecho tantas veces: ¿por qué nadie está libre de ser un perfecto imbécil?"
Así comienza, de modo claro y contundente, la primera explicación del motivo de éste singular libro. Y su desarrollo un poco en broma un poco en serio, mezcla el humor con la realidad más asombrosa, más estranguladora, más cruel que se transmite en los comportamientos de una sociedad que, a fuerza de contraponer ideas tan dispares como la inteligencia y la imbecilidad, nos deja perplejos por el derrotismo de una y el poder infinito y devorador de la otra.
Sostener
que la imbecilidad es un arma que la sociedad de hoy en día utiliza
para la defensa y triunfo de las ideas que conservan a la propia
especie, es sostener que la estupidez es consecuencia del progreso y
como tal el camino al que el ser humano ha llegado a través del
proceso evolutivo en una sociedad que ha eliminado la inteligencia
lenta pero inexorablemente y que, como sostiene Aprile, si bien ha
servido al hombre en los inicios de la historia para sobrevivir y
progresar, ahora se ha vuelto un arma letal en una sociedad
jerarquizada y burocratizada hasta el punto en que todo lo que
salga, por leve que sea, de esa alineación, de esa balsa homogénea
de ideas que pretenden igualar a todos, se convierte en un
subversivo, en un peligro para la comunidad, en definitiva, en un
ser inteligente que está fuera de los cánones establecidos para la
convivencia plácida que nos otorga la igualdad del hombre-masa, del
estúpido plácido, amodorrado y anestesiado que permanece impasible
ante las cosas importantes, transcendentales y que desarrollan hacia
el futuro y hacia el progreso de la vida.
En todos los cargos de poder, la
imbecilidad domina, manda, y como dice Aprile el poder no necesita
talento. El poder radical intenta igualar a la baja la media de la
inteligencia de un país, de ahí los exilios de las mentes más
brillantes, de las desapariciones, de las muertes, de la hoguera …
Son para ese tipo de poderes, las mentes lúcidas las que suponen un
peligro y los tachan de subversivos, de elementos rebeldes, de
problemáticos. Eso de cara a la galería. Saben perfectamente que
serían los únicos capaces de derrocarles por méritos propios. Y este
poder déspota no sólo se da a nivel gobierno de naciones, se da a
nivel empresa, trabajo, compañeros incluso, todo aquel que se ve
amenazado en su imbecilidad por alguien que se ha desmarcado de la
estupidez cotidiana que generalmente, todo lo inunda.
Son las personas inteligentes, o con
una inteligencia notoria, las que crean en los demás los celos y los
recelos, (aunque estos mediocres se aprovechan de las ventajas
descubiertas por los más inteligentes y las disfrutan) así que
cuanto menos usan su inteligencia más idiotas se vuelven, con lo
cual, la idiotez es tropel.
Pero el estúpido se encuentra en todas las
jerarquías, y son éstas precisamente las que más colaboran para que
la estupidez se incremente. Un sistema burocrático no puede
funcionar si no tiene como base bien fundamentada la estupidez. Hay
que seguir siempre las mismas reglas, sin plantearse absolutamente
nada fuera de ellas, sino el sistema se derrumbaría. Es la propia
estupidez la que da consistencia formal a la sociedad.
Desde la escuela se intenta de
forma machacadora, destruir todo lo que sobresalga fuera de un
programa establecido como común para todos los estudiantes. La
genialidad se va difuminando, por cerrársele todas la vías, desde
edades muy tempranas y así llegamos a la mediocridad general desde
la más tierna infancia. No se protegen ni se estimulan las dotes
innatas de los individuos sino que por el contrario se las
menosprecia y se intenta por todos los medios eliminarlas. Se
pretende hacer una sociedad homogénea, una igualdad adormecida en la
imbecilidad, un sofoco de ideas nuevas consideradas un peligro para
un equilibrio social. Quizá sea esa la fórmula adecuada y sea la
receta para conducir un rebaño. Pero un rebaño es fácil de manipular
cuando está falto de ideas nuevas. Todo es previsible y el poder, en
cualquier ámbito de la vida, maneja con facilidad ese modo de
agrupamiento. Si uno entre cien se desplaza un poco de ese
movimiento estupidizado será sofocado instantáneamente para que no
revolucione al resto de los alineados. Las jerarquías y las
burrocracias no se pueden violentar, se desmoronarían. Sería la
catástrofe de una sociedad establecida. Al menos que desde el poder
de una nación se abran las puertas a ciertos cambios, aunque sean
considerados amenazadores, como no podría ser de otra forma, por las
clases bienpensantes y los partidos clásicamente parapetados en la
soberanía de la estupidez colectiva.
La estupidez es un sistema de
autocracia impuesta por aquellos que pretenden la fácil manipulación
de una sociedad cegada por una igualdad cada vez más reducida de
miras.
Pino Aprile, va fundamentando su exposición
en cinco leyes principales que son el resumen preciso de una
elaboración fundamentada de su particular visión de la estupidez en
una sociedad que va alcanzando cada día sus cotas máximas. Entre el
humor, la ironía, la observación de los comportamientos de la
sociedad actual y pasada, recorre su primigenia idea de la estupidez
como modo actual de supervivencia: “Los inteligentes han construido
el mundo. Pero quienes lo disfrutan y triunfan el él son los
imbéciles”. Cabría preguntarse aquí cuál fue la gran semilla del
error en esa terrible construcción que dio paso a este resultado tan
amorfo y aniquilador de lo más preciado del ser humano para que en
esta sociedad actual se convirtiera en un elemento peligroso: la
inteligencia. Sea como fuere, los especialistas en el arte de la
rapiña de ideas son legión y, aunque imbéciles pues solo saben
copiar de los que sobresalen, es tanta su extrema especialización
que se comen, para disfrutar ellos acto seguido de los resultados
obtenidos, a los padres de todos los inventos o ideas favorables.
Estas leyes son de una retórica
humorística, pero no por ello menos ciertas:
Primera ley sobre el fin de la
inteligencia: “El imbécil sobrevive. El genio se extingue”. Corolario de la Primera ley: “Antes
tontos que muertos”.
Segunda Ley: “El hombre moderno vive
para volverse tonto”.
Tercera Ley: “La inteligencia actúa en
beneficio de la estupidez y contribuye a su expansión”. Yo lo traduciría como el arte del
dormir plácida y perezosamente sobre lo que otros han pensado, han
descubierto y han conseguido utilizando la inteligencia. Todos a
calentarse al fuego que otro ha descubierto utilizando el cerebro.
Ya no es necesario seguir poniendo en marcha las neuronas. A
parasitar promoviendo la estupidez.
Cuarta Ley: “La imbecilidad sólo
puede aumentar”.
Quinta Ley: “La unión no hace la
fuerza sino la imbecilidad”. Excepción que confirma esta ley es la
cooperación entre personas dotadas de grandes capacidades. Funcionan
como un reproductor de la inteligencia, en lugar de un reductor. De
este tipo de grupos hay pocos, como indica Aprile. Lo habitual es el
agrupamiento y dentro de él siempre tendente a igualar a la baja.
Después están los que se bastan ellos
solos para da fe de su imbecilidad. Tampoco podemos olvidar a este
tipo de individuos que buscó salida a su estupidez riéndose de todo
con la simpleza de cantar una canción trivial y luego sonreír
plácidamente. Y además recomendarlo a los demás como terapia para
narcotizar su inteligencia. Personalmente, ante tanta arena, que me den cactus. Prefiero un
debate aguijoneador que el adormilamiento insípido de la sonrisa
vacía y feliz.
Así que después de la lectura de éste
libro sonría por favor y déjese caer (como es habitual) en la
dulzura beneplácita de la estupidez diaria y cotidiana.
Y, recordando, a cuenta de toda esta
exposición, las sabias palabras de un colaborador de La Cueva (Lamas)
que dice: “Sin duda alguna, alguien ha descubierto que la mejor
manera de evitar el sufrimiento … es la imbecilidad generalizada.
Todo indica que este proyecto benevolente progresa adecuadamente”.
O para quien tenga ánimo de sacar los pies
fuera de ese tiesto, aprenda de este libro lo que no debe hacer,
para así seguir desarrollando sus facultades neuronales. No
abandonar su conexión con la inteligencia de la que en principio,
hemos sido todos dotados.