Principal |Presentación | Ratonera | Ratón | Zaratustra | Gato | Perro | Loro

¡Hola, bienvenido a LA CUEVA DE ZARATUSTRA!
[ Date de alta como usuario ][ Activa tu usuario ]


Si quieren estar informados de las novedades de la cueva regístrense, tan sólo es necesario un apodo y un email; La Cueva de Zaratustra está basada en Luces de Bohemia de don Ramón del Valle-Inclán y es la apuesta del Taller de Ediciones J. A. Durán por el Librepensamiento;
Historias del Rastro: ATRACO A UN ATRACADOR
Enviado el Thursday, 02 June a las 00:00:00
Tópico: Texto y fotografía


La incidencia se produjo hace algunos años; pero la fama de que una nube de atracadores y carteristas asola el Rastro es muy antigua.








Hace siglo y medio Roberto Robert, que era un joven activista demócrata,  fue llevado por la autoridad a la cárcel que los madrileños llamaban del Saladero. El casino del hampa, por así decir. Era una venganza y una lección que el Gobierno de turno quiso dar al naciente escritor revolucionario. Quería que aprendiera el oficio de gobernar entre los delincuentes populares más abigarrados. Fue entonces cuando descubrió que era en el Rastro donde habían comenzado la carrera la mayoría de los inquilinos. Esto es: confirmaba en El Saladero lo que todos sabemos. Que se trata del más democrático de los mercados. Un lugar donde no operan los ladrones de cuello blanco, salvo que vayan disfrazados.

Hoy no creo que exista una conexión tan estrecha; pero la idea de que en el Rastro todos somos iguales; que allí nos atracamos los unos a los otros, no deja de ser sugestiva. Un juego similar al del timador y el timado. ¿Quién niega que todos ofrecemos o buscamos gangas? Lo hacemos, por supuesto, porque … “haberlas, hailas”. La gracia, dar con ellas.

Así pues, al considerarme allí ni mejor ni peor que mis iguales, me empeño en difundir desde hace años esta boutade de mi propia marca: “Voy más tranquilo al Rastro que al Corte Inglés”. Frente al atraco con precio fijo, casi prefiero el regateo. Hoy, con todo, quiero contarles la única experiencia propia que parece contradecir por completo mi boutade.

Hojeaba libros curiosos, viejo placer, en el área más nutrida de esta clase de género. En un país donde ni siquiera se lee con fruición nuestra  Cueva de Zaratustra, resulta que en el Rastro la gente se agolpa en torno a ellos, aunque no pase casi nunca del ojeo.

Como es de todos bien sabido, la multitud agolpada o la soledad relativa tiene su parte de culpa, porque crea el ambiente. Forma parte del atraco. Sin aglomeración, el carterista es casi inconcebible. Y fue así que, bien rodeado, noté que me andaban urgando en el bolsillo trasero del pantalón. No es que me quisieran tocar el culo, porque se fueron justo a donde suelo llevar la cartera-monedero. Apliqué entonces a la situación la flema que recomiendo para hacer frente a tales situaciones. Me dio tiempo incluso a buscar apoyo en una ocurrencia de Castelao. Dije de súbito, en alta voz: “¿Qué me está metiendo en el bolsillo, amigo mío?”. ¡Fue Troya! La gente que me circundaba se echó al unísono sobre el atracador. Como si éste, al mismo tiempo que a mi, hubiera metido su mano en todos y cada uno de los bolsillos circundantes.

Fue así como, al igual que sucede en tantas historias literarias de bandidos, el atracado (que era yo) había hecho prisionero al atracador. ¡Y con una cita de humorista!. Merecía premio. Pero la que se estaba liando era peor.

“Tranquilos”, tuve que decir. “No robó nada”. “Es un carterista en prácticas. Aún no es profesional”. El muchacho, que eso era, estaba lívido. Era la más pura encarnación del  pinchota de la época. Pero esa evidencia no aminoraba –antes al contrario, encorajinaba más- al respetable. De pronto, aprovechando el pequeño desconcierto que sembraron mis palabras, pegó un tirón y echó a correr. Se volvió a lo lejos, dirigiéndome algo así como una mirada triste...

Jamás he vuelto a verlo y nunca me volvió a suceder nada parecido. Después de tantos años, sin haber vivido otra incidencia, comprenderán por qué me reafirmo en la boutade. Incluso recuerdo con cierta melancolía aquel instante en que fui atracado, atraqué al atracador y contribuí a su libertad, haciendo de abogado del Diablo.

"Login" | Configurar | 0 Cometarios
Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.


Nota: Escrito por José Antonio Durán

 
Votos del Artículo
Puntuación Promedio: 4.55
votos: 9


Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo


Compartir


enviar a my del.icio.us


Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible

 Enviar a un Amigo Enviar a un Amigo



Re: ATRACO A UN ATRACADOR (Puntuación 1)
por PanteraRosa el Tuesday, 07 June a las 11:48:29
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
¿He de suponer entonces,. que a mi me atracan todos los días en el mercado porque no puedo ni sabría regatear?




Re: ATRACO A UN ATRACADOR (Puntuación 0)
por Anónimo el Saturday, 11 June a las 04:48:19
Hola José Antonio, me ha gustado Mucho la historia, seguro que tienes más. Saca tiempo y nos las cuentas. Un beso




Archivo de Colaboraciones | Encuestas

Administración
·Login




La Cueva de Zaratustra

Una apuesta del Taller de Ediciones por el Librepensamiento.

Taller de Ediciones

La idea y el sitio web son propiedad del Taller de Ediciones. Todo lo demás es propiedad de quién nos lo envía.



Web site engine code is Copyright © 2003 by PHP-Nuke. All Rights Reserved. PHP-Nuke is Free Software released under the GNU/GPL license.
Página Generada en: 0.070 Segundos