"Voz" de Francisco Espoz y Mina en el Diccionario Biográfico Aragonés de Alberto Gil Novales
ESPOZ Y MINA, FRANCISCO (Idocin, Navarra, 17 de junio de 1781- Barcelona, 24 de diciembre de 1836).
Hijo de Juan Esteban Espoz y Mina y de María Teresa Ilundáin y Ardaiz, labradores, profesión que siguió el hijo administrando la casa por la muerte temprana de su padre, hasta que hacia septiembre de 1808 se puso al servicio de uno de los generales franceses de Napoleón, llamado Rotland, con el que estuvo unos tres meses. El 8 de febrero de 1809 cambió de bando, y entró como soldado voluntario en el Regimiento de Tiradores de Doyle, entonces en Jaca, pasando después a servir a las órdenes de su sobrino Javier Mina, pero al ser hecho este prisionero, 29 de marzo de 1810, le sucedió en el mando de la guerrilla, y adoptó entonces el apellido de su jefe y sobrino, que era también el de su padre.
Rápidamente destacó como guerrillero, por su dureza, astucia,
crueldad, conocimiento de los hombres y del terreno, y ambición.
Al servicio de ésta no dudó en fusilar a rivales y antiguos
amigos. Muy pronto consiguió, al parecer con no muy buenas
artes, la jefatura de la División de Navarra, la que le sirvió,
por tierras de Navarra y Aragón, para realizar brillantes y
también crueles hechos de armas. En su crueldad insisten
diversos autores y el propio Mina fue vocero de sus acciones. El
24 de agosto de 1811 el general Reille ofrece seis mil duros al
que lo prenda, haga prender o lo mate. El capitán Lorenzo
Jiménez publica una Breve noticia del coronel D. Francisco
Espoz y Mina, en la que lo describe como «hombre de regular
figura: un poco rubio, fornido, de 5 pies y 1 pulgada, pocas
palabras, muy franco, enemigo de las mujeres, muy parco,
de sólo 2 horas de sueño, y de edad de 28 a 30 años». No usa
bota ni botín, siempre zapatos, ayuda a su sobrino que se halla
prisionero en Francia. A los espías enemigos Mina hace cortar la
oreja derecha, y les marca en la frente con un hierro que dice
Viva Mina. El 18 de noviembre de 1811 ascendía a
brigadier y en 1812 a mariscal de campo. Publicó Manifiesto a
sus paisanos contra la intrusa Diputación (afrancesada),
Valencia, 1811. En julio de 1813 entró el primero en Zaragoza,
sin cumplir el pacto establecido con el mariscal Durán y
Barazábal de entrar juntos, al parecer porque no quería aparecer
segundo al lado de Durán, que era más antiguo. En octubre de
1813 recibió la orden de proclamar la Constitución de Cádiz, que
había sido promulgada en marzo; pero según su biógrafo Iribarren
difirió el hecho para más adelante. En su proclama a los
baigorrianos, Artiz (Guipúzcoa), 18 de diciembre de 1813, les
dice: «O sujetaos a recibir la paz que os ofrezco, o la llama y
el hierro devastarán esta provincia» (DCGS, 26, 26 de
enero de 1814). En mayo de 1814, según se dice -pero el dato es
incierto- ordenó fusilar el libro de la Constitución, una de
tantas barbaries como cometían los absolutistas en aquellos
días. Poco después estuvo en Madrid. Iba con grandes
pretensiones, entre ellas la de ser nombrado virrey de Navarra,
cosa que no consiguió. Volvió a Navarra, en donde trató de
impedir la deserción creciente de los soldados, le molestó la
disolución de las guerrillas -julio-agosto de 1814-, no se fiaba
de Ezpeleta, le privaron del mando de sus tropas, y el 25 de
septiembre de 1814 intentó un golpe: se dirigió desde Puente la
Reina con el regimiento del coronel Górriz al asalto de la
ciudadela de Pamplona, de acuerdo con el coronel Francisco
Asura, de guarnición en la misma. Al fracasar tuvo que
refugiarse en Francia. Mucho se ha discutido sobre el carácter
político de esta empresa. Pero es evidente que en aquellos
momentos cualesquiera que fuesen las trastiendas de Espoz, una
acción contra el Gobierno solo podía tener sentido liberal. Y
así se interpretó, lo cual no es hacer de Mina, ni mucho menos,
un enamorado de la libertad. En París consigue que Luis XVIII le
asigne una pensión y residencia en Bar-sur-Aube, Champaña. Pero
la llegada de los Cien Días, aunque no está claro si buscó o no
su colaboración, le obligó a pasar a Suiza, de donde volvió
después de Waterloo. Según una carta que escribe a Juan van
Halen, París, 28 de julio de 1819, vivia entonces en la rue
d'Artois 24. La revolución de 1820 le permitió volver a España:
el 23 de febrero de 1820 entra en Navarra y proclama la
Constitución en Santesteban. Unos días después entra en
Pamplona, es nombrado comandante general de Navarra, pero no
consigue la jefatura política. Publica El capitán general de
la provincia de Navarra [...} respondiendo a las
imputaciones que le hace el Ayuntamiento de Pamplona en su
manifiesto de 22 dejunio de 1820, Barcelona, 1820. El
16 de enero de 1821 es nombrado comandante general de Galicia.
Allí cobró fama incluso de republicano, aunque niega la
existencia en Galicia de una facción republicana en su proclama
Habitantes de Galicia, La Coruña, 10 de agosto de 1821
(inserta en las Memorias de Mina). El batallón de
voluntarios nacionales de La Coruña creyó necesario dirigirse a
los españoles para protestar contra el rumor del republicanismo
de Mina (La Coruña, 26 de agosto de 1821, en Eco de Padilla,
39, 8 de septiembre de 1821). Consecuente con su fama, firmó
la representación del 16 de noviembre de 1821, por lo que fue
depuesto según le comunicó el 24 el jefe político Manuel Latre;
Mina se las ingenió para hacer pública la confidencia, con el
resultado de ser repuesto por la agitación popular de los días
27 y 28 de noviembre; pero, haciendo el juego a la reacción, en
diciembre abandonó definitivamente su puesto y pasó a León.
Parece que ya por entonces había ingresado en la masonería.
Publicó allí el Manifiesto que hace a la Nación española con
motivo de las ocurrencias a que dio margen su exoneración de la
Comandancia General del Ejército, provincia de Galicia,
León, 1822. En La Coruña había conocido a Juana de Vega y
Martínez, hija de un importante comerciante, con la que se casó
por poderes el 25 de diciembre de 1821 (le representó en la
ceremonia su secretario José María Aldaz). El 23 de julio de
1822 es destinado a combatir a los facciosos en Cataluña. Allí
combatió denodadamente a los realistas, a partir de septiembre,
fecha en que se incorporó a su nuevo destino. Había ascendido
mientras tanto a teniente general. Se hizo famoso por su energía
y también por su crueldad inútil, atestiguada para siempre por
la destrucción de Castellfullit de Riubregós (Barcelona), 24 de
octubre de 1822. Pero no tuvo la misma energía cuando los
franceses entraron en España. No obstante las pesadas
contribuciones que impuso a los catalanes, su política fue lo
que ahora llamaríamos entreguista, aunque no hayan
faltado escritores que le defiendan. De hecho, encerrado en
Barcelona, acaso por enfermedad, el 22 de octubre de 1823 le
envía Moncey proposiciones de claudicación, y una vez dominado
el motín de los que querían resistir a toda costa que tuvo lugar
el 24, el 1 de noviembre firmaba la capitulación, y el 7
embarcaba en el bergantín francés Le Cuirassier rumbo a
Inglaterra. Le acompañaban Aldaz y algunos oficiales de su EM.
Llegó a Plymouth e13 de diciembre de 1823, donde fue
triunfalmente recibido. En 1825 publicó el Breve extracto de
su vida (2" ed. el mismo año; ed. portuguesa, Lisboa, 1827;
ed. española, Cádiz, 1834) y en 1826 se trasladó a vivir a
Sevenoaks Common, a 25 millas de Londres. No parece que tenga
mucha veracidad la especie de que ya en 1825 quería trasladarse
a Gibraltar. Pero lo que sí es cierto es que empieza un largo
período de conspiraciones, en el que aparece como centro del
sector derechista de los emigrados españoles, en contra de
Torrijos, Romero Alpuente y otros. Al mismo tiempo andaba en
tratos con Carlota Joaquina. En Faro (Portugal) hacia 1826 José
Mancha se titula secretario suyo. La revolución francesa de 1830
le incita, lo mismo que a los demás emigrados, a la acción.
Romero Alpuente le ataca en Observaciones sobre el prestigio
errado y funesto del general Espoz y Mina, basándose para
ello en las Anotaciones de Pedro Saiz Castellanos y en
los Opúsculos gramático-satíricos de Puigblanch. En
octubre de 1830 fracasa en la famosa expedición de Vera, y luego
de descansar en Cambó (País Vasco francés), llega a París. Está
plenamente documentada su relación con Marco-Artu y otros
conspiradores españoles de la época, al mismo tiempo que sus
proclamas sirven admirablemente para reconstruir su pensamiento:
poder personal, aceptación en el ejército de los oficiales
realistas y, todo lo más, cierto matiz anticlerical. Dio la
proclama Al ejército de su mando. El 31 de julio de 1831
los españoles presentes en París eligen un comité director:
Espoz obtiene solo 176 votos, por lo que no es elegido. El 15 de
agosto encabeza desde París la oposición a la Junta así
nombrada, junto con Alcalá Galiano, Istúriz, Gil de la Cuadra,
Domingo de Torres, Aldaz y otros. Vuelve a España al comienzo de
la guerra civil, y es nombrado jefe del Ejército de Navarra.
Hizo la guerra carlista, con su acostumbrada crueldad. Enfermo,
dimitió el 8 de abril de 1835, estuvo en Pamplona el 12 de mayo,
y después se dirigió a Montpellier (Francia). El 2 de octubre
del mismo año fue nombrado jefe del Ejército de Cataluña, puesto
que ocupó el 25. Esta segunda etapa de su participación en la
guerra carlista se vio oscurecida por el gran crimen del
fusilamiento de la madre de Cabrera: cualquiera que sea la
responsabilidad de Espoz su nombre quedó unido a tal acto.
Después de la revolución de 1836, ya muy enfermo, fue nombrado
inspector de la MN y diputado por Navarra a las Cortes
Constituyentes. Murió al parecer de cáncer de estómago. Tuvo
espléndido entierro, de los que impresionan a la multitud. Sus
Memorias, publicadas por su viuda, aparecieron en
1851-1852.
El interesado debe consular el
original. Para favorecer su lectura, con el consentimiento del autor, esta nota
prescinde de la densa serie de referencias bibliográficas y hemerográficas,
presente en el Diccionario)
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Nota: Escrito por Alberto Gil Novales
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